El universo de DC Comics ha explorado las historias de muchos personajes conocidos en la pantalla grande. Pero, en esta ocasión, otro villano de Batman será la estrella de su propia película. Clayface presenta una historia que puede resultar familiar para algunos, pero que merece verse en la pantalla grande.

La película sigue a Matt Hagen, un joven de Gotham que pasa de vivir en las calles a convertirse en una estrella de Hollywood. Sin embargo, su ascenso se ve trágicamente interrumpido cuando las acciones de un jefe criminal lo dejan con el rostro horriblemente desfigurado. Desesperado por recuperar su apariencia, Hagen recurre a un tratamiento experimental que le devuelve su antiguo rostro, pero también comienza a afectar su percepción de la realidad, llevándolo por un camino destructivo de venganza.

Esta película es bastante distinta a las otras producciones que DC Studios ha llevado al cine. Se puede describir como un thriller con bastante horror corporal y una historia cuyo principal motor es la venganza.

Como thriller, resulta bastante entretenida, ya que juega muy bien con el suspenso alrededor de lo que le ocurrió a Hagen, su regreso y la crisis mental que atraviesa constantemente. Pero cuando vemos cómo su rostro queda desfigurado, la película puede revolverle el estómago a más de una persona por lo grotescas que son algunas de sus imágenes.

Además, la venganza de Hagen resulta bastante satisfactoria. Aunque la historia puede sentirse algo cliché, el horror corporal y los efectos especiales elevan esos momentos y hacen que sus consecuencias sean mucho más impactantes. También se nota que la producción sabe dónde invertir sus recursos, pues las escenas en las que Clayface realmente entra en acción lucen bastante bien. Por otro lado, las secuencias de horror corporal son tan grotescas que pueden resultar difíciles de ver para algunos espectadores.

Uno de los elementos más interesantes es que la película nos presenta oficialmente Gotham dentro del nuevo universo de DC Studios. La ciudad tiene una identidad visual propia y no se siente como una versión genérica de Chicago, Nueva York o Toronto, ciudades que han servido como escenarios para otras películas de Batman. Además, la historia termina en un punto que permite imaginar cómo otros personajes podrían aparecer en este universo en el futuro.

Algo que me gustó mucho fue la actuación de Tom Rhys Harries como Matt Hagen, también conocido como Clayface. El actor aporta mucha vulnerabilidad a un personaje que lo necesita debido a la transformación física y emocional que experimenta. Lo más irónico es que buena parte de lo que le ocurre también es consecuencia de sus propias decisiones.

Harries tiene una gran química con Naomi Ackie, quien interpreta a la doctora Caitlyn Corr, la científica que desarrolla el tratamiento experimental. Ambos funcionan muy bien cada vez que comparten pantalla, lo que ayuda a darle una dimensión más humana a la historia. El elenco también incluye a David Dencik, Max Minghella y Eddie Marsan en papeles secundarios que cumplen con su cometido.

Clayface es una buena introducción a este personaje para quienes no estén familiarizados con su historia. Aunque la trama se siente bastante conocida, resulta entretenida porque funciona como una película de horror y venganza en la que seguimos a un protagonista que, en cierta medida, provoca su propia desgracia.

Además, es una excelente opción para disfrutar en el cine durante octubre. Hay escenas que pueden hacerte sentir asco y sorprenderte por la cantidad de sangre y horror corporal que presenta. Es genial ver cómo DC Studios continúa explorando diferentes facetas de su universo con películas que no necesariamente necesitan conectarse con otras producciones.

¿Hay conexiones importantes con el resto del universo de DC? No. ¿Es una película entretenida? Definitivamente.

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