Mucho antes de que Super Mario Odyssey y The Legend of Zelda: Breath of the Wild demostraran que Nintendo podía reinventar sus franquicias más importantes, Satoru Iwata ya tenía bastante clara la dirección que quería para la compañía. En una entrevista de 2006, el entonces presidente de Nintendo explicó que no quería que la empresa simplemente produjera secuelas de sus grandes franquicias una y otra vez.
“Si todo lo que hiciéramos fuera continuar haciendo secuelas y no hacer nada nuevo o diferente, la gente nos vería como una compañía muy conservadora”, explicó Iwata. Para él, Nintendo debía continuar apostando por sus franquicias conocidas, pero también tomar nuevos caminos y ofrecer experiencias diferentes a los jugadores.
En aquel momento, Nintendo estaba preparando el lanzamiento de la consola que posteriormente conoceríamos como Wii, mientras el Nintendo DS ampliaba considerablemente el público de la compañía con propuestas como Nintendogs y Brain Age. Iwata defendía que Nintendo podía seguir ofreciendo las experiencias clásicas de Mario y Zelda a sus seguidores mientras buscaba atraer a personas que nunca habían jugado videojuegos.
La filosofía también se aplicaba directamente a sus franquicias más importantes. Iwata reconocía que los fans esperaban nuevas entregas de Mario y Zelda, pero decía que la responsabilidad de Nintendo era encontrar maneras de innovar dentro de cada franquicia. Años después, propuestas como Super Mario Odyssey y Breath of the Wild terminaron convirtiéndose en ejemplos claros de esa idea.




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